Subí al transporte, el cielo despejado, mentiroso y cómplice confabulaba con las nubes para no dejar a los incautos enterarse de la lluvia torrencial que estaba por caer. Tomé un asiento hasta atrás, justo en la ventanilla para entretener la mirada durante el trayecto. Cada imagen, cada lugar, revivía en mi momentos de una vida ya pasada y que ahora se disfrazaba de un simple sueño, tal vez momentos que no sabría decir si fueron mejores, peores o sólo más simples.
No soy y quizá nunca sea una persona de planes y grandeza, demasiado concienzuda para tomar ventaja de otros, demasiado complicado todo como para prever cada reacción o consecuencia, un pez que muchas veces se dejó llevar por una corriente, ya que pocas cosas consideró merecederas de su esfuerzo y energía.
El día comenzó a mostrar su verdadero rostro, en minutos un cielo gris abrazó la ciudad y pequeñas gotas comenzaron a resbalar pos los vidrios de los coches, afuera la gente corría y se dispersaba en cualquier hueco, techo o parada de autobús que pudiera mantenerlos a salvo de la lluvia que, rápidamente, se transformaba en un diluvio. Uno que otro despistado hacia la parada al transporte en busca de permanecer un poco seco, aun si su destino se encontrara cerca; de a poco los asientos fueron ocupándose, pero el que se encontraba al costado mío permanecía vacío, y yo, lo observaba intrigada, preguntándome la clase de persona que terminaría ahí; por momentos las dudas me abrumaban, ¿será una buena persona? O ¿será un acosador?, por otro lado esperaba a alguien interesante, alguien que hiciera mi viaje más ameno.
De pronto un chico tomo el asiento, en apariencia nada espectacular, pero con una personalidad magnética. No se por qué comenzó la plática, pero lo hizo y fue una conversación que duró muchísimo tiempo, momentos que yo me bebía mientras el camino se veía a lo lejos terminar y detrás nuestro dejando una huella indeleble.
Llegamos por fin al destino, yo extasiada y confundida por la experiencia sentí la necesidad de volver al lugar de partida, a las raíces que me dieron vida, recordar los sueños que me impulsaron alguna vez, la persona que fui y recuperar las cosas buenas que perdí en un camino que tan largo fue. Él, encadenado a su libertad, emprendió el vuelo y se esfumo en la ventisca dejando solo polvo en el lugar que pisó.
Tomé el mismo asiento. Ahora la ansiedad era más grande, al marcharse él las preguntas, las inseguridades se hicieron enormes y una pequeña piedra se me transformó en una pared. Una pregunta incesante se repetía y daba vueltas dentro de mi cabeza, volviendo al mundo borroso e irreal…
¿Será alguien capaz de llenar el vacío que ahora queda?

Entre la tierra y lo sublime
Escrito en Entre la nada y todo.